lunes, 26 de septiembre de 2011

Z-Chronicles 01: la FAPI

CAPÍTULO 7: Necrobiología
Peter, guardabosque
Como prácticamente todos los días del año me encuentro en mi refugio de montaña vigilando cualquier acontecimiento extraño en el bosque y realizando las tareas de cada día. El Sol está especialmente abrasador y me da ganas de hacer una siesta. Al finalizar sin duda la haría.
Me levanto de la silla de madera de mi casita perdida en el bosque y me preparo un té con leche. Lo bebo relajadamente, saboreando el sabor a la vez que miro el paisaje forestal que me ofrece mi ventanita. Yo vivo apartado prácticamente de toda persona, solo aparezco en un pequeño pueblo a unos pocos kilómetros de aquí para comprar necesidades como es la comida. Desde muy pequeño siempre me aficiono la naturaleza y a pesar de vivir una vida muy solitaria no me arrepiento de mi elección, pues el bosque es mi compañero.
Tras acabarme la bebida, lentamente me pongo las botas de montaña y me preparo para hacer el circuito de todos los días, por alguna razón inexplicable tengo la corazonada de que hoy veré algo nuevo, en estas cosas suelo acertar.
Ya cerrada la puerta me dispongo a andar. Me fije que los pájaros no cantaban como de costumbre, mire el reloj por si había comenzado el paseo en un momento distinto al usual, pero la hora era más o menos la de costumbre. Seguí fijándome en los árboles mientras caminaba a una velocidad menor a la de costumbre. No llegaba a escuchar ningún pájaro, aunque otra persona no le hubiese dado importancia o no se hubiese fijado, sé que algo va mal y mi obligación como guarda forestal es la de mirar el qué y arreglarlo, parece que mi corazonada ya empieza a tomar pies.
Decidí andar por la zona alta de la montaña ya que así mi visibilidad seria mucho mayor que por abajo. Desde allí pude ver parte de un bosque silencioso que día antes estaba animado por los cantos de los pájaros y los sonidos silvestres de algunos mamíferos, un ecosistema natural que de estar muy dinámico y fluido paso a ser lo contrario. Las pequeñas criaturas del bosque tampoco hacían acto de presencia y eso me incomodaba. Los animales tienen un sexto sentido para las cosas que van mal y temo que pueda relacionarse con lo ocurrido.
Un grito espeluznante ha resonado por la montaña con una gran fuerza y las rocas se han ocupado de repetirlo en eco. Ese grito no era el de un mamífero furioso sino el de un animal asustado, concretamente un oso. En el lenguaje humano seria casi como si pidiese ayuda a algo inexistente. Intente recordar de nuevo el grito para intentar percibir la dirección del oso. Tras concentrarme seleccione el valle del salmón, un pequeño valle donde el agua del rio quedaba estancada y junto a ella los salmones que ascendían por el rio con la finalidad de reproducirse cerca del origen como hicieron sus antecesores.
Enseguida elegí el camino más directo a ese valle y proseguí mi camino con el deseo de llegar lo antes posible. Bajé el acantilado por una zona más arenosa y sin caídas precipitadas. Tras bajar por completo comencé una carrera hacia el valle travesando parte del bosque y una subida de un terreno algo elevado. Seguí corriendo por el bosque que se me ofrecía tras la subida hasta que llegue a ver el valle. El agua estaba cristalina como de costumbre y busque el oso que cerca debía de encontrarse. El reflejo del Sol al agua me cegaba en ocasiones perjudicándome en la busca del animal.
Decidí acercarme más al lago para intentar hallar algún rastro que me indicase la dirección que tomo el animal. Encontré un claro rastro de sangre que me quedaba oculto por unos pequeños arbustos desde la vista anterior, el rastro desaparecía pero a pocos metros se repetía, el animal huyo herido de lo que fuera su agresor.
Continué el rastro con cautela para asegurarme de no perderlo, este volvía al bosque no muy lejos del camino que había usado para llegar. Miré a la lejanía en búsqueda de ver algo más allá pero sin ningún éxito. Seguí el rastro de nuevo que me llevaba a bosque a dentro hasta que finalmente vi algo de un castaño oscuro tumbado inmóvil. Me acerqué con precaución viendo el cadáver de un oso que yacía silencioso.
El oso tenía una herida importante en lo que sería su cintura, en el lado derecho. Por la forma de la herida era un mordisco de una dentadura de menor tamaño que la del oso. Parecía que el oso huyo de su agresor por el bosque herido mortalmente y falleció en este punto del bosque. Cuando me percaté del peligro que corría oí unos pasos sonar con el crujir de hojas secas. Al girarme vi a un hombre acercarse de forma torpe hacía mí. Se le veía enfermizo y débil pero su mirada era penetrante, a pesar de haber perdido el iris y tener los ojos muertos prácticamente, este aferraba sus ojos en mi ser. En su boca se podía apreciar sangre resbalando hacía abajo, sangre que debería ser del oso.
-¡No te muevas! Le dije a la vez que sacaba mi escopeta ya cargada.
El hombre seguía moviéndose hacia mí sin actuar de distinta forma tras ver mi arma, parecía más bien que ni la hubiese visto. Repetí la orden de nuevo pero sin logro alguno. Cuando ya estaba a unos pocos metros de mí, el hombre abrió la boca a la vez que gritaba con un tono muy agudo, demasiado para un hombre, y se me lanzó encima.
El hombre cayó al suelo destrozado tras el disparo de escopeta que acertó en toda la cabeza, un tiro muy fácil por la poquísima distancia. A pesar de haber sido una defensa hacia mi vida, me duele el ser consciente de haber matado a un hombre. Me apoyé a un árbol intentando aliviar el dolor de cabeza cuando el cuerpo del oso hizo un pequeño temblor. Me quede quieto observando la escena, el oso poco a poco se reanimo tembloroso y se alzó imponente. La boca se le llenaba de una especie de espuma extraña que caía por los laterales de su gran mandíbula.
El oso me miro con un rostro similar al del hombre anterior, solo verla ya me alcé sin dudarlo y lentamente retrocedí. El oso corrió hacía mi dirección de una forma antinatural. Yo vi sus intenciones y no perdí el espacio de distancia que tenía de inicio. El oso corría fugaz pero yo no me quedaba corto. Decidí subir a un árbol de enfrente y así lo hice, con un salto y un par de impulsos veloces ya me encontraba encima de este. El oso dio varios zarpazos y mordiscos de una forma brutal y descontrolada hacia el árbol que me encontraba, el tronco se despedazaba de mala manera tras los ataques tan feroces.
En poco tiempo el árbol ya caía al suelo conmigo en él. Abrí los ojos sin saber quién era ni nada hasta que lo recordé cuando vi el rostro del oso enfurecido. Me levanté dolorido sin pensar en qué dirección, solo corría. Las patas del oso golpeaban el suelo de tal manera que me daba la sensación de que el suelo latía, toda planta o roca que se metía en su camino era apartada con ferocidad, era una máquina de matar.
Mientras corría con el monstruo detrás de mí conseguí concentrar mi mente y ver a donde me dirigía, en frente mío había un precipicio que daba al río pero la altura era bastante importante, las posibilidades de sobrevivir a la caída son pequeñas pero tal como voy será ninguna. Siempre fui un fiel seguidor de la naturaleza pero la necrobiología, la naturaleza muerta, no es lo mío.
El oso me estaba atrapando cuando ya pude ver el acantilado en frente mío, me giré para ver esa criatura por última vez o como mínimo eso quería, sin pensarlo ni una vez salté a las profundidades del abismo. A mi parecer la distancia entre el acantilado y el agua era menor anteriormente, supongo que hasta que uno no salta no lo ve con miedo y en la mente no se le distorsiona el tema. Mi cuerpo comenzó un descenso tras el salto y cerré los ojos sin ganas de saber si el oso decidió seguirme o quedarse, ahora solo importaba mi resolución.

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