lunes, 19 de septiembre de 2011

Z-Chronicles 01: la FAPI

CAPÍTULO 6: ¿Que mejor cura que la muerte?
Fármaco, jefe de coordinación del área de investigación de la F.A.P.I.
Veo que ya he activado el diario electrónico, bueno a ver… Bueno soy Fármaco de nuevo, jefe de coordinación del área de investigación de la prestigiosa F.A.P.I. y relatare el informe del día. Tras los progresos de ayer, hemos comprobado que la sustancia GI06, se ve afectado con el hielo, pues el hielo contiene partículas de oxigeno, humedad y frio. Aun no hemos encontrado la cantidad y composición precisa para llegar a aniquilar de una forma rápida y directa el Gl06, pero sabemos de lo cierto que el hielo frena la enfermedad durante un tiempo muy grande, he oído un sonido, es el timbre de mi despacho, le diré que pase…
Soy un científico de fármacos para enfermedades, de ahí viene mi nombre en la asociación, pues deseo poder curar a todo el mundo, he analizado varias veces el gas GI06, y he podido comprobar el secretismo de la asociación, técnicamente el gas daña a las células motoras, y es verdad que las daña, pero no solo las mata sino que las reanima, dándole un cambio en sus funciones, he analizado los tejidos nerviosos reaccionados por tal gas, y he comprobado mi teoría de una posible reanimación de un cuerpo sin mente, un cuerpo muerto o vivo, que sea capaz de moverse es suficiente para que funcione, según he comprobado por lo que desean y estudiamos nos acabaran eliminando en algún momento, es importante convencerles del buen trabajo y lo cerca que estamos de lograr nuestros propósitos.
Estoy seguro que si muestro mis avances y lo cerca que lo tenemos lograré convencerlos para que nos alargue el plazo, y conseguir esa cura, algo me dice que va a ser fundamental para muchas vidas. Es básico el lograr conseguirla, pues si este gas se propagará podría ser nefasto para la gente.
A diferencia de otro gas, este tiene las partículas artificiales, las uniones de átomos nos son naturales y no serian posibles sin máquinas de gran potencia que pudiesen romper esa barrera entre ellos. La dificultad de creación produce una gran dificultad a la hora de la comprensión, ya que no sigue la naturaleza. Me temo que tal sustancia se desea usar para ámbitos militares, pero sin un sistema de control de la razón, solo se crean armas que destruyen todo a su paso. Además tiene el fácil contagio, a través de saliva y sangre, realmente es lo mismo, pues ambas acaban en el mismo punto. El contacto en la piel de ambas sustancias no debería de porque contagiar, pero el contacto con la sangre, produciría un fácil desplazamiento de la sustancia hasta lograr infectar a su víctima.
Cualquier material frio y húmedo que tenga contacto con la parte donde se produjo el contagio, frenaría bastante su velocidad de contagio, hasta un determinado tiempo “X” que desconocemos, ya que dependería del ámbito y material de la persona en cuestión, además la sangre de cada persona también varia la velocidad de propago, no es la misma sangre la de todos, a pesar de ser similar.
Escribí un informe de todas las reacciones hechas y resultados, hace días que no salimos afuera del edificio, vivimos en el, mis temores sobre el peligro de nuestras vidas crece día tras día, secretos, miradas, silencios, el ambiente del edificio es de lo más tenso.
Me he dirigido a mi máquina de reacciones, he disparado ciertas partículas que cumplen las características, el tejido del GI06, se ve gravemente herido, pero aun así no desaparece del completo, esta vez pareció más cerca, parece que la cantidad de oxigeno no cambia los resultados, solo cambia con su presencia o no. Está claro, que las reacciones deben contar con oxigeno, por alguna razón que aun no he comprendido, tal átomo es capaz de herir fuertemente al GI06, he analizado decenas de veces las reacciones, pero los resultados siguen siendo inútiles.
-¡Puedes pasar si quieres! Digo al hombre o mujer que espera al otro lado de la puerta, esta lentamente se abre, dejando entrar una brisa suave y melancólica con la melodía del silencio y la muerte. Por un instante el miedo surco por mis venas rápidamente en forma de un frio escalofrío. Junto a esta, entro Halcón con una mirada seria y perdida, como si yo fuese lo menos interesante de la habitación, y entonces me miro seriamente con su mirada fría y calculadora, noté como sus ojos me analizaban como si fuera algo extraño de su mundo particular, tragué saliva tras esa sensación de inferioridad y impotencia que me hizo su simple mirada.
Le saque mis progresos y se los señale, diciéndole mis mejoras y lo poco que quedaba, las alabanzas de nuestros avances y la muy cercana victoria por encontrar el fármaco, se miro los informes desde la distancia contemplándolos desde su lugar con atención y a la vez pasivismo.
-¿Sabes que a Twelve no le gustan los retrasos, verdad? Yo iba a contestarle cuando me fije en sus zapatos, tenía en el zapato izquierdo una mancha de algo de tono rojizo que aparentaba un marrón muy oscuro, comprendí de que se trataba, era sangre. Halcón tenía una mano al descubierto y la otra oculta, seguramente con el arma que sería mi asesina si no lograba hacerle cambiar de opinión.
-Lo sé Señor, pero con dos días más lograríamos nuestra meta, le dije.
-Nuestra meta era para hoy, amigo, me contestó.
Haciendo ver que no era consciente de mi peligro fui abriendo el cajón, cogiendo mi pistola, de un tono tranquilo y controlado, simulando que lo que planeaba sacar era más papeleos.
-¿Planeas matarme? me dijo.
Yo saque la pistola a toda velocidad cuando sonó el primer disparó silencioso, y caí de espaldas, el proyectil impacto en mi pecho, esa herida era mortal. Él caminó hacia mí, apuntándome a la cabeza. Aun podía aguantar vivo algo más de tiempo, mi pistola tras el impacto salió catapultada hacia un lado demasiado lejano para que lograse cogerla.
-¿Porqué? Casi lo teníamos, le dije.
-No importa eso, lo tuvieses o no, os hubiese matado hoy igualmente. ¿No lo entiendes? Ahora solo incordiáis, me dijo con una sonrisa en su rostro.
Nuestras miradas se cruzaban, la suya era la del ganador, la de aquel que se ríe de la futura muerte del perdedor, en cambio la mía seguramente era bien penosa, lágrimas caían de mis mejillas, no podía contener mi rabia y frustración. El me miro con una cara de asco, como aquel que pierde el interés por su presa. Y se paro, mirándome fijamente como si esperase que dijera mis últimas palabras.
 -¿Entonces como lograras curar a toda la gente de esa arma?, le grité.
-Vaya, entonces si lo sabías, me dijo.
-¡Contéstame!, le grité.
Entonces puso de nuevo su sonrisa siniestra y me dijo:
-¿Qué mejor cura que la muerte?, dijo de forma irónica.
Halcón disparó en mi frente, aunque fuera todo muy rápido, sentí como la bala perforaba mi cráneo hasta darme muerte. Todo fue grabado por mi diario electrónico, y siguió grabando hasta pararse solo, esa habitación solitaría donde yacía pálido y frio.

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