CAPÍTULO 2: Enfrentándose al peligro
Caminamos por el pasillo que me ha contado María, este pasillo parece intacto a diferencia de los anteriores, al igual que antes es semiesférico y blanco. Ahora que sé de las existencias de esas criaturas me da cosa andar por aquí, espero que sepa donde me lleva. Ella camina segura por la zona y me intimida que sea el único de los dos que tiemble al oír cualquier sonido, un paso en falso puede significar la muerte. Los largos túneles solo nos muestran un silencio total que me atormenta el oído, es increíble a mi parecer que en un lugar ocupado por tales bestias sea posible este abrumador silencio. El pasillo resultó ser muy largo, quizás mi miedo lo alargase pero es claramente largo, deberíamos evitar caminos como este, pues en carrera nos tienen ventaja las criaturas además que es más fácil que nos detecten, con su aspecto físico no veo claro sus puntos débiles, si es que tienen, estamos realmente jodidos.
Por fin hemos travesado el pasillo cuando nos asomamos lentamente para ver a lo que nos enfrentaremos, hay otro pasillo bien corto que da a una sala de paredes negras y lisas, el pasillo son apenas 3 metros, tras caminarlos con cautela hemos visto el resto de la sala que estaba oculta tras las paredes del pasillo. La sala comunica con un pasillo que llega hasta la salida de metro por donde entré, y cuando mi boca ya comenzaba a tomar una gran sonrisa vi impotentemente como el pasillo que comunicaba a las escaleras que daba a la salida se encontraba derrumbado, parecía que el derrumbamiento dio un efecto cadena hasta el punto de hacer caer una parte de las instalaciones. María me toco el hombro y me hizo un gesto de que estaba haciendo, y le dije perdón muy flojito. Ella me indicó con el índice un pequeño pasillo donde había un cartel de prohibido entrar, parecía que estábamos cerca, me confesó que allí dentro había un ejemplar de los ya conocidos monstruitos y que el otro parecía haberse fugado, pero que no podía saberlo, ya que ese otro ejemplar se encontraba en esta sala negra.
Travesamos la sala de lado a lado sin hacer desvíos, fuimos directamente a la puerta para personal adecuado. Me puse al lado de la puerta y la abrí muy lentamente, mi ojo recorrió ese lugar infestado de sangre, a diferencia de las zonas anteriores esta parecía ser lugar de una gran carnicería, no quiero imaginar que paso en este lugar. Mi cuerpo temblaba por la seguridad de encontrar a la criatura dentro de la sala que comunicaba a varias puertas entre ellas la de vigilancia. La identifiqué enseguida por un cartelito que se encontraba encima de la puerta, si hubiese estado a la misma altura de la puerta, dudo que se hallase al mismo lugar. Algo no encajaba, no veía a ninguna criatura allí dentro, ¿se habría fugado con la otra? No paraba de preguntármelo, ¿sería realmente seguro adentrarse? No podía estarme toda la vida allí parado, empujando con mi hombro abrí bien la puerta, tenía la escoba aferrada en mis manos, estaba preparado para cualquier cosa me hice creer.
Entré con seguridad a la vez que con cautela, cuando recibí un placaje. Caí al suelo y al mirar de qué se trataba vi a una de esas criaturas que se había mantenido oculta tras la puerta. Con el pie empuje la puerta para que se cerrase, protegiendo así a mi compañera. La criatura pegó un salto hasta ubicarse a la altura de mi estomago, sus piernas me acorralaban los lados, su cabeza deformada me miraba fijamente cuando dejo escapar un chillido que me dejo sordo durante unos segundos. El ser estiro uno de sus brazos con el fin de clavármelo en el pecho. Hice girar la escoba y deje en diagonal hacia fuera para que el lateral de su especie de guadaña resbalase hasta el suelo. Su guadaña limó gran parte del palo hasta tener contacto con el suelo, quedándose clavado en él. Aprovechando que su cuerpo se encontraba agachado e inclinado ya que su brazo izquierdo se había quedado clavado en el suelo al lado contrario de este, con la ayuda de mis brazos me arrastré hacia atrás con el fin de poder levantarme. La criatura se agacho aun más con la idea de cogerme con esas costillas asquerosas que sobresalían de su carne, viendo que me pillaba, alcé parte de mi cuerpo y con el brazo derecho cogí la parte de atrás de su hombro derecho, aprovechando que su brazo izquierdo me hacía una barrera natural de sus costillas. Tras coger bien su hombro, usé todas mis fuerzas para desequilibrarlo haciéndole girar y caer de espaldas encima de mí. Entre la fuerza que hacía yo con las piernas y brazos para inmovilizarle y que su brazo aun seguía clavado en el suelo, conseguía mantenerlo boca arriba encima de mí cuerpo. El ser no paraba de moverse de un lado a otro de forma inútil mientras yo buscaba la forma de encargarme de él. Me fije en su otra guadaña que se movía haciendo eses a una buena distancia de mí, por desgracia esa era la única cosa que podía usar para dañarlo. Su cabeza también la movía de lado a lado a la vez que alargaba su dentadura como hacia el Alien con su lengua, era repugnante. Por suerte su cuello le limitaba lo suficiente para que no lograse llegar a mí. A la vez que le tocaba la parte izquierda de su cuerpo para mantener su atención en este lado, cogí su brazo derecho y lo estuve aproximando de forma cautelosa para que no descubriese mis planes. Cuando estuve lo suficiente cerca, incliné mi cuerpo hacia la izquierda para poder salir de ese lado y no dañarme a mí mismo, cuando ya estaba solo en el lado derecho de su cuerpo hice varios movimientos rápidos con su brazo, clavándole esa guadaña varias veces en el pecho donde se ubica el corazón humano, a pesar de clavárselas varias veces dio resistencia pero por suerte finalmente murió.
Me levanté sin poder creer lo que había hecho, el ser se encontraba inmóvil al suelo, mire el palo de la escoba que se hallaba destrozado, ya no servía para nada. Caminé hasta la puerta que nos separaba María y yo, cuando se abrió sola dejando ver una de las criaturas tan odiosas, hice un paso atrás sin saber cómo actuar cuando pude ver la realidad, era María. Ella corrió y me abrazó, parecía que estaba en un estado de shock que dicen, suerte que en ese momento no me encontraba armado, pues tenía la realidad distorsionada. No paraba de decirme que era increíble lo que había hecho, que lo había visto todo y no podía creerlo, me hizo sonrojar todos sus halagos, pero era hora de mirar la recompensa.
Caminamos hasta la puerta de la sala de vigilancia, estaba tan mentalizado en los peligros que estaba viviendo que no me fije en nada de mi alrededor, simplemente la seguí. Tras forzar la puerta que se encontraba en una fase de deterioración, entramos a la santa sala que nos protegería de forma temporal. La sala tenía varias pantallas de las cuales las cámaras que grababan se encontraban en un pésimo estado, solo una cámara logramos que emitiese aunque en mal estado, pues la lente de la cámara que aun funcionaba se encontraba recubierta de polvo, volviendo bastante borrosa la imagen. Cuando vimos que no servía de nada mirar la pantalla sonó unos disparos borrosos, venían de la cámara. Nos acercamos y enseguida vimos una silueta humana que disparaba a un pasillo que no podíamos ver, el hombre disparaba con una pistola. Enseguida apareció algo que se movía, ese ser corría a 4 patas y de un salto tumbó al pobre hombre. Lo que parecía un perro le empezó a devorar, enseguida el hombre no se movía, estaba claro el por qué. La criatura tenía un buen tamaño, del pelaje que llevaba en punta a lo erizo, le sobresalía algo negro que no podía ver bien, quizás fueran unas guadañas como los otros humanoides o unas especie de alas, todo son suposiciones, lo que estaba claro es que tenía algo raro. El ser dejo de devorar, pero el cuerpo del hombre aun se movía al igual que el pelaje de la panza de ese ser, deduje que sería esas costillas raras que sobresalían de los otros. Tras seguir observándole un buen rato más e intentando descubrir que eran esas cosas negras que tan mal se veían, el ser comenzó a desplazarse lentamente hasta desaparecer de la zona de visión. Tanto María y yo estábamos frustrados de descubrir que aun andaban criaturas distintas a las ya observadas, que parecían que se enfrentaban mutuamente a ver cuál podía ser más terrible. Sellamos la puerta con todo tipo de material, aprovechando que la puerta se abre hacia dentro, e intentamos poder dormir tranquilos, pues quizás sería la última vez que lo haríamos.
Comencé un sueño que me ubicaba a los metros, como en la realidad, había esos monstruos. Llevaba una pistola desde el inicio y no paraba de correr y disparar atrás haciéndoles caer y frenar, era una constante carrera de supervivencia. Finalmente, mientras corría girado disparando a mis perseguidores, noté algo que me golpeó el hombro. Me desperté, era María con una cara preocupada. Me dijo que hacía rato uno de esos monstruos caminaba al otro lado de la puerta, o como mínimo eso creía. Le dije que no podía salir así sin más, por lo que decidimos investigar a fondo la habitación para cualquier material útil que nos sirviese contra esas cosas. Al contrario de nuestros deseos no había ninguna arma de fuego, algo que nos desmotivó de inmediato. Cal destacar que esta vez estábamos armados con la escoba que aun llevaba María y un hacha que a saber qué pintaba en la habitación, quizás sea por temas de emergencias tipo incendios o alguna cosa por el estilo con el fin de abrir puertas selladas. Lo importante es que el mango era metálico, como mínimo no se destrozaría así como así.
Solo abrir la puerta oí el grito ensordecedor del monstruo que mencionaba María, el cual no paraba de oír. Enseguida he visto como corría hacia mí y he levantado el hacha. Una vez lo tenía lo suficiente cerca, le partí el cráneo en dos, desgarrándole parte del cuello también. Parece que tienen la carne medio podrida, y eso me facilito el ataque. El ser que tenia los brazos alzados, cayó al suelo tras mi ataque y pataleó de forma instintiva como algunas serpientes hacen al morir, movía un poco los hombros y la cintura, pero duro bien poco. De alguna forma ese acto me animó, lo que parecían seres invencibles, se volvieron vulnerables. Había una cosa bien segura, el hacha no se me separará ni en el infierno. Con una correa que encontré en la sala de vigilancia, me fabrique una especie de funda para llevar el hacha en la cintura, me aseguré de que fuera suficiente segura, para evitar que se pudiese caer o cualquier cosa del estilo.
Estábamos encerrados en el metro, básicamente en una de sus más grandes estaciones, pero todas las salidas estaban selladas. Tras hablarlo dentro de la sala de vigilancia, decidimos que no teníamos más remedio que viajar por el túnel de un metro y llegar a otra de las estaciones para intentar salir. Ella estuvo de acuerdo pero no se le veía del todo convencida, no la culpo, yo tampoco lo estoy. Cuando me dirigía a abrir de nuevo la puerta para empezar a desplazarnos ella me frenó y me dijo que había algo muy importante que nos habíamos olvidado. Yo, preguntándome de que podía tratarse le pedí que me contase de qué se trataba. Entonces su rostro serio se le apareció una sonrisa y me dijo que para comunicarnos mejor deberíamos poner nombre a esas criaturas. No era mala idea, pero para nada era la mitad de importante de lo que esperaba. Ella dijo que el nombre adecuado sería Badboys, ya que eran criaturas malvadas que querían matarnos, yo lo veía infantil, aun así, se le veía tan motivada que no dije nada y me limité a decirle que estaba muy bien. Tras esa pequeña parada comenzamos a movernos de la zona.
Salimos de la sala para solo personal cualificado, y nos encontrábamos otra vez en las entrañas del metro. Decidimos coger un nuevo camino para evitar el grupo de los Badboys que nos habían asediado anteriormente. Había un pasillo que descendía levemente hacia lo que supongo que sería una vía, cogimos ese pasillo. Mientras descendía, recordé que ese camino era similar al que se veía a través de la cámara de vigilancia, me puse atento, ojala estuviese equivocado. Caminamos hasta llegar al extremo que giraba a la derecha, allí pude ver una cámara de vigilancia y desagradablemente también un cadáver. Mi temor se había vuelto en realidad. En ese momento me vino el fugaz recuerdo de la pistola, y sin dudarlo corrí a comprobarlo, sí allí estaba.
Cogí la pistola y comprobé la munición. Había solo una bala, pero conseguí más de sus bolsillos y mochila, tenía una buena colección, así que cogí la mochila entera. Mi padre siempre me dijo que el mundo se había vuelto de locos, por lo que me obligo a tragarme sus clases de funcionamiento de pistolas y algunas armas de las más cuotidianas. Aprendí bien, y en contra de lo que siempre pensé, le estaba muy agradecido. María me miraba, esperando alguna reacción mía, me di cuenta cuando noté nuevamente su presencia, me sentó mal la verdad. Le dije que era mejor que yo llevase la pistola, pues sabía cargarla y dispararla, ella no se negó. La abracé y le dije que no se preocupara, éramos un equipo, por lo que yo la protegería a todo coste.
Ambos caminamos, consciente de que podríamos toparnos con el Badboy con forma de perro, aun así ya teníamos con qué enfrentarle. Los pasillos estaban hundidos en el más profundo silencio, bueno para nosotros pero malo para mi mente. Un silencio tan profundo me produce mal estar, por qué me da la sensación que pronto se quebrará con alguno de esos seres. Desplazándonos, comenzaron a sonar nuevamente disparos. Rápidamente saque la pistola y me dirigí a la sala anterior con el fin de encontrar el origen de los disparos. El sonido se acercaba a la vez que yo también me acercaba. Finalmente, un hombre entro a la gran sala disparando hacia atrás, en ese momento me pregunté, ¿sería ese el hombre que atrajo a los Badboys que nos asediaban?
El hombre al verme, se dirigió hacia mí a toda prisa. Detrás de él, le siguieron 4 Badboys, mi pregunta ya tenía respuesta. Al ponerse a mi altura se giró, ambos apuntamos hacía el grupo enemigo. Mi primer disparo ya acertó a la cabeza de uno de ellos, a pesar de que hacía tiempo que no disparaba, la poca distancia que nos separaba lo equilibró. Nuestras ráfagas tumbaron a tres de ellos, pero gastamos todas las balas y no teníamos tiempo para recargar. Sin dudarlo saqué el hacha y la sujeté con las dos manos. El Badboy me ataco a mi ya que me adelanté, su movimiento era lo suficiente lento para esquivarlo. Tras tal acción, me puse a su lado y antes de que actuase le decapité de un tremendo golpe, como el de un jugador de beisbol en un partido importante. Esos monstruos eran muy peligrosos, pero cuando se va armado con cosas como las mías y te vienen en un uno contra uno, son fáciles de vencer, el problema es cuando se hacen multitud. A pesar de que la pistola parezca más viable, solo había logrado matar a uno de ellos con esta, justamente él del primer tiro, aprovechando que se encontraban débiles y sacudiéndose en el suelo, decapité a los dos que aun vivían.
El hombre tras agradecerme la ayuda se presento como Roberto Gimenez, según él tenía una edad de 42 años y era vigilante de los metros hasta antes del incidente. María enseguida apareció de la nada y se presentó a nuestro nuevo compañero. La verdad es que me asustó su aparición repentina. Nos contó que llevaba horas escapando, logró despistarles pero un grupo de 4 le sorprendió tiempo después, consiguió ocultarse y cuando pasaron aprovecho para correr, aun así uno de ellos le vio y alerto al resto con sus gritos, y estuvo huyendo hasta lo que vimos. Ahora éramos tres y dos pistolas, supongo que nuestras posibilidades se multiplicaron positivamente, aunque el pensar que tendré que ir por el túnel del metro, no lo veo nada claro.
En silencio caminamos por los pasillos hasta llegar a una de las vías, eran todas similares por lo que no perdí el tiempo fijándome en sus detalles, pero si destaque algo. Había escrito en las paredes repetidamente “Línea 6”, nos encontrábamos en la línea 4, ¿Qué quería decir el mensaje? Las letras y número estaban dibujados con distintos materiales de color rojo, es posible incluso que algunos fueran escritos en sangre, pero no me atreví a comprobarlo. Los tres nos pusimos a pensar y aproveche para mirar las paradas de la línea. Vi que en uno de los lados de la vía en que nos encontrábamos, pasaba por una estación que conectaba la línea 6 a dos paradas de distancia. Tras mostrárselo a mis dos compañeros, decidimos que ese sería nuestro camino, no tenemos lugar donde ir, así que no perdemos nada, es posible que sea la pista para lograr salir de aquí.
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