CAPÍTULO 1: Despertando en la oscuridad
Mi nombre es Guillermo Murgui y tengo 24 años, ya hacía dos años que ejercía como ingeniero mecánico en mi vida, pues tras los duros años de la carrera en la universidad logré el título. Como vivía en una gran ciudad nunca encontré necesario el carnet de conducir ya que usaba las famosas líneas de metro de la ciudad, famosas ya que eran las más grandes de todo el país y por su gran variedad entre las distintas líneas y sus mismas estaciones. El metro es el gran orgullo de esta ciudad, eso se debe a la feria anual que se organiza cada año sobre locomotoras y toda clase de transporte del mismo estilo.
Como cada día laboral, desayuné, me afeité, y me lavé la cara de zombi que cada mañana pongo en frente del espejo, me dirigí al metro para desplazarme hasta mi lugar de trabajo, estaba a bastantes paradas de mí, pero aun así el trayecto no era muy duradero, el metro era rápido y poco contaminador en comparación con el total de coches que recorrían la ciudad día a día. Llegué a la boca del metro que estaba señalada justo en la entrada de esta, dos barras de hierro negras ascendían en los laterales de ella y se unían horizontalmente a más de dos metros de altura con ornamentos, en el centro se puede leer un rombo más ancho que alto de color rojo que al interior de este y un rectángulo azul muestra el nombre de la parada. Aquel día tenía que comprar una tarjeta de 10 viajes nueva como todos los jueves, que me duraría toda una semana. Una vez bajado las escaleras, me puse delante de la máquina expendedora de tarjetas y seleccione la tarjeta deseada, puse el dinero por la ranura indicada y al nada bajo la tarjeta con la calderilla que sobraba del billete que había puesto.
La tarjeta era algo extraña a la usual, parecía que la habían cambiado por una de fondo negro brillante, la miré bien por si se habían equivocado, pero las letras decían claramente que era una de 10 viajes normal, lo único distinto era el color. Sin querer comerme el coco, ya que era un tema sin importancia, me dirigí hacia el interior e introduje la tarjeta por la ranura de la máquina que me separaba de las líneas de metro, en breve ya me encontraba dentro caminando en dirección al metro.
Caminé por el pasillo, que tenía una forma semiesférica de color blanco, relajadamente ya que tenía tiempo de sobras. Enseguida el pasillo se volvió rectangular, con las paredes bien lisas y de un color gris oscuro, observé los carteles de más de un metro de altura enganchados en las paredes que mostraban publicidad de distintos partidos políticos, ya que pronto serían las elecciones a nuevo alcalde, también destacaban un conjunto de carteles que mostraban portadas de películas que aparecerían a los cines en menos de una semana o de estrenos actuales que ya habían sido proyectados en los distintos cines de la ciudad. Desvié la vista hacia delante y pude ver las escaleras sumergiéndose a las profundidades del metro.
Enseguida ya me encontraba descendiendo por las escaleras vagamente, pues soy de mal despertar. Miraba algo envidioso a las personas que ascendían por las escaleras mecánicas, mi cuerpo reclamaba mi cama pero eso no era posible, ya podrían haber instalado otras para los que bajasen, pensé interiormente.
Tras bajarlas, ya me encontraba al lado de la vía y caminé hasta medio trayecto y me dispuse a esperar el metro. Miré a mi alrededor, las paredes del túnel estaban curvadas hacía arriba, introduciéndose poco a poco hacía la vía, tenían un color crema oscuro compuesto por pequeños cuadraditos como los típicos de los suelos de las piscinas. Había bastante gente cerca y odio que se me pongan tan al lado, pues hoy en día te roban la cartera como si nada y estos sitios son predilectos para ello, soy una persona bastante desconfiada en ese aspecto. Entonces mis piernas se comenzaron a mover, al principio no me di cuenta, creí que era inconscientemente que me movía pero cuando quise frenar no podía, mis piernas se movían solas. No sabía qué hacer y noté una presión al cuello, intenté gritar pero no podía hacerlo tampoco, miré adelante, mi cuerpo se dirigía a las vías, a pesar de intentar hacer muecas sin éxito y todo tipo de señal a la gente que me rodeaba, ninguna persona hizo el mínimo movimiento de darse cuenta de que algo me pasaba en ese instante.
Ya estaba al lado de las vías y tras un poco de tiempo el cual mi cuerpo se mantenía quieto enfrente de estas, se dejo caer a ellas. Al caer, recuperé el control de mi cuerpo, me dolía la espalda ya que había colisionado con uno de los hierros de la vía y la gente me miraba asustada incapaz de reaccionar, entonces una luz se me enfocó en la cara, era el metro. El metro tenía un gran cristal en frente donde pude ver al conductor intentar frenar el vehículo a toda costa, el cristal le seguía un marco de color negro que se combinaba por los laterales con uno de rojo y otro de blanco en las partes inferiores, debajo de estos se veía la maquinaria negra que se conectaba al chasis y a las ruedas, acercándose a mí de forma peligrosa. Sin pensarlo me levanté de golpe, notando el dolor de espalda fuertemente, corrí y salté a la zona segura, donde la gente miraba nerviosa, lo más rápido posible, una pantalla negra se me apareció en la mente y perdí la conciencia totalmente, ni tan solo supe si lo logré o me arroyó el metro.
Poco a poco recobré le conciencia en un estado somnoliento producido seguramente por la tensión del momento y por el tiempo que llevaba allí tirado, estaba mareado y mire donde estaba con un fuerte dolor de cabeza, me encontraba tumbado en el lugar del incidente, parece que llegué a saltar a tiempo y el metro no se me llevó al otro barrio, mi cuerpo estaba sano pero era claro que algo pasaba. Estaba todo oscuro, aun así se veía suficiente bien para moverse sin golpearse con las paredes, el suelo estaba pegajoso por alguna sustancia que reconocí al pasar el dedo, sangre. La sangre estaba mezclada con lo que podría ser sudor, el pensar que hacía segundos yacía desmayado sobre eso me produjo arcadas que tuve que aguantar fuertemente. No había cuerpos en ningún lado, solo sangre y destrozos, no podía parar de preguntarme, ¿qué diablos había pasado?
Comencé a caminar por el camino en el que me introduje para llegar hasta aquí, atento a cualquier cosa que pudiese aparecerse ya que el estado del suelo no me decía justamente que estuviera al lugar más seguro del mundo, cuando estaba cerca de las escaleras por donde había bajado anteriormente, vi quebrarse el techo repentinamente y esquive el derrumbe por los pelos saltando hacía atrás. Me fue de poco, ahora debía buscar otra salida a este lugar, el camino de entrada había quedado totalmente obstruido en la caída del techo, este sitio estaba destrozado.
Me dirigí al lado contrario al que me dirigía hace nada para salir en busca de una salida que fuese simétrica a la que deseaba, en estos temas suelen presentar mapas simétricos para facilitar la construcción de las estaciones y entradas, en mi caso salida. Pude prestar más atención al entorno cuando volvía por el tema de que mis ojos se habían acostumbrado mejor al entorno, las paredes estaban cicatrizadas por lo que podían ser garras, bueno, eso no era posible, quizás fuese obra de algún machete o alguna arma por el estilo que algún loco llevase, parece que el haberme desmayado me ha salvado el pellejo, me tomarían por muerto lo que fuese que hizo esto. Eso produjo un mal estar en mi mente, si habían destrozado tanto la parada, significaba que llevaba ya tiempo desmayado allí dentro, entonces pensé en la posibilidad de que me hubiese quedado en coma, no sabía que pensar, lo único importante ahora era salir de este sitio.
Odiaba esa sensación en la que las suelas de los zapatos se me enganchaban en el suelo como si fuera chicle, por ello me apresuré hasta llegar a las escaleras mecánicas que como no, no funcionaban. Tuve que pringar y las subí, todo por salir de este infierno. Al salir, me limpié la suela de zapatos con un pañuelo que llevaba en un bolsillo, para sacar ese caminar pegajoso que me había dejado el suelo de la parada, por supuesto primero me lo pasé por la cara. Después avancé por el pasillo idéntico al que había entrado, al final estaba la salida si todo andaba bien, o eso debería haber.
Por fin llegué, cuando vi algo inesperado, sin poder creérmelo corrí hacia ella. La salida parecía cerrada, obstruida por lo que sería cemento, las escaleras subían hasta un tope que era ese suelo que hacía de techo, no había salida, no entendía que sucedía, esto no era normal, cuánto tiempo he estado aquí desmayado, me preguntaba con ansias de respuesta, la idea de haberme quedado en coma cogió más fuerzas ahora tras ver la supuesta salida, los nervios se empezaron a imponer en mi mente.
Caminé sin poder evitar la duda y la confusión, seguía otro pasillo que comunicaría con alguna vía, con suerte la siguiente sí podría salir. Habían carteles como los que habían cuando pase al entrar pero no podía saber de qué, ya que estaban desgarrados por completo como lo estaban las paredes de la estación donde desperté. Siguiendo el camino llegue a otras escaleras que daban a la vía y las baje, por lo menos el suelo no estaba en tan mal estado como el anterior y no me apresuré con tantas ansias como en la anterior, el túnel era exactamente igual que el primero, supongo que era la misma línea pero de sentido contrario. Cuando ya llevaba más de la mitad de la vía un foco venía de mi espalda, era un metro. Este metro, clavado al que casi me mata, ensuciado de lo que parecía sangre en el cristal del conductor y en los laterales de este, paso a una velocidad prohibida en las vías saltándose la parada, me llevé un buen susto al verlo pasar con tanta velocidad, no había nadie en su interior y cabina, por lo menos eso me pareció. En apenas un instante, el metro se perdía en la profundidad del túnel que tenía dirección hacia donde me dirigía, el mundo se había vuelto loco pensé en voz alta, un metro que funciona solo a altas velocidades, que más cosas me faltan por ver, pensaba con una sonrisa de ironía que mostraba más agobio y miedo que felicidad.
Llegué al otro lado, por un momento conseguí desvanecer mis pensamientos con el fin de tranquilizarme y entonces oí los pasos que resonaban como un gran eco en el interior del túnel. Me giré ilusionado al pensar que podría tratarse de gente normal, pero no se me ocurrió pensar que pudiesen ser el otro bando, espere impaciente a poder ver las siluetas de los hombres que aparecerían en breves instantes. Sí aparecieron, pero de humanidad tenían bien poco, parecían unas personas despellejadas que emitían unos gritos agudos que me retorcía de dolor en los tímpanos, no quería fijarme más en ellas y comencé a correr, las criaturas humanoides que aparecieron del túnel por donde vino el metro veloz, también se pusieron a correr a una velocidad vertiginosa, claramente superior a la mía, parecía que ellos si estaban interesados en mí, pero por lo que decía mi instinto, para nada bueno.
Subí las escaleras como si volara y corrí por los túneles blancos y semiesféricos, no sabía qué dirección tomar en el cruce cuando vi a una chica que se cruzaba al fondo y me hizo una señal, reclamándome que me diese prisa. Corrí hacía ella escuchando nuevamente el eco de los pasos de esos seres que ya entraban en el pasillo, la chica giró en otro cruce, me tenía varios metros de distancia y yo intentaba alcanzarla sin éxito. Tras atravesar un par de cruces llegamos a una gran sala y ella abrió una puerta en forma de reja, señalándome de nuevo con la mano de que me diese más prisa cosa que no podía otorgarle, cuando entré en esta por fin, ella la cerró a toda prisa. Sin exagerar, 2 segundos después las criaturas, un total de 4, llegaron hasta la reja. La puerta era como la de las típicas celdas de las cárceles en muchas películas, unas barras de acero que se cruzaban dejando espacios imposibles de traspasar para personas adultas, básicamente por su tamaño. Parecía que nos hallábamos cerca de la que sería otra salida, pero esforzando mi vista pude ver que estaba cerrada de la misma forma que la anterior, estábamos encerrados en esa pequeña jaula y sin haber encontrado ninguna salida.
Las 4 criaturas tenían ahora un aspecto más humano, incluso tenían ropa, parecía que en su día sí fueron humanos. Tenían la mandíbula desencajada hacía adelante, logrando el que sus dientes sobresaliesen de la boca, la entraban y sacaban como si fuese la propia lengua, era vomitivo. También destaqué en mi mente su altura, pues de alguna forma sus huesos y músculos estaban combinados de tal forma que los hacía más altos en las piernas, medirían poco más de dos metros, una altura que intimidaba, destacando el aspecto que tenían. Su silueta se abría con unos brazos alzados, de los cuales se podía ver una prolongación de los huesos del brazo que se alargaban tras la palma de la mano, recreando dos guadañas naturales sí así se puede decir, sus movimientos eran mecánicos, seguramente la posición que habían adoptado para lograr esas armas naturales, bloqueaban bastante los movimientos de sus brazos hasta el punto de tenerlo inmovilizados a excepción de las guadañas que no paraba de moverlas como si se tratase de unas serpientes amenazando su presa. Para rematar su descripción, pude observar como ambas criaturas tenían las costillas abiertas, que sobresalían de la carne y músculos hacía adelante, y sí fuera poco, se movían adentro y afuera como si de una dentadura controlable se tratase, los 4 seguían esos rasgos terroríficos y golpeaban con ferocidad la puerta con unas ganas increíbles de darnos caza. Miré la pequeña sala donde nos habíamos encerrado la chica y yo, era una pequeña habitación de limpieza, lo supe al ver el material que usaban para limpiar, nos habían asediado por completo.
La chica era joven, al parecer algo más joven que yo y aun así no parecía tener miedo, entonces me dirigí a ella para preguntarle sobre lo que sucedía y ella me frenó, inconsciente de que yo tenía la intención de preguntarle algo, para presentarse. Su nombre era María Martin y como imaginaba vivía en la misma ciudad que yo. Ella tenía 22 años, dos años menos que yo, por lo que había acertado que era algo más joven que yo y estudiaba medicina según lo que me contó. Yo amablemente también tenía la intención de presentarme pero al solo decirle mi nombre, sonó un disparo que venía de a saber donde, las 4 criaturas que golpeaban sin descanso la barrera que nos separaba de ellos, se giraron mirando hacía el pasillo por donde habíamos venido nosotros y el sonido y sin dudarlo mucho prosiguieron con una carrera hacía esa dirección, parecía que daba fin a nuestro asedio momentáneo.
Lentamente abrimos la puerta para evitar hacer cualquier ruido que pudiese atraer a nuestros amigos, y salimos silenciosamente, pero esta vez armados con palos de escoba que más bien sirven para sentirnos más seguros que como arma de defensa opino yo, pues a esos monstruos dudo que les hagamos algo con esto. Andamos cautelosamente por el pasillo y ella me susurró que más adelante se encontraba las oficinas de los guardias y podrían haber armas, también me dijo que anteriormente andaban por allá seres no deseados y por eso ella no llevaba aun armas ya que no quería jugarse el pellejo, vaya mal día voy a pasar, pensaba interiormente. Por el fuego que desprendía sus bonitos ojos supe enseguida cual era su deseo, quería volver allí para recoger las armas que a saber si nos serían útiles, con el fin de mejorar nuestra protección ante ellos.