CAPÍTULO 3: Recuerdos infernales
Nico, civil
Estoy paseando por mi pueblo, este está silencioso y como siempre ando aburrido bajo el Sol abrasador, a veces deseo que pase algo con el pueblo para romper esa fuerte monotonía que tanto me hace bostezar. Mientras estaba sentado a las afueras del bosque, encima de una piedra, vi a la lejanía un helicóptero bastante más grande de lo normal, me quede embobado mirándolo, aquí estas cosas son muy raras de ver.
Me he despertado, parece que me quede dormido encima de la roca, me duele un poco la espalda, parece que dormí en mala postura o me clavaba alguna piedra. Miro el cielo, no puedo evitar el bostezar de nuevo, los días así me matan.
Ande por el camino de rocas y arena que lleva al pueblo, todo un paisaje forestal me rodea, pero sinceramente la naturaleza no me apasiona, la tengo aborrecida de tanto verla día tras día, a veces me da la sensación que estamos separados de la civilización.
Pude ver el pueblo en la lejanía, incluso vi las siluetas de algunos andar por sus calles, su caminar era lento y ondulado, parece que hoy la gente se mato a trabajar, seguro que si descubren que me puse a dormir en una roca dentro del bosque me vienen a matar. No pude evitar el reír al pensar tal cosa, fue una risa fugaz, pero me animo algo, vivir en un lugar como este también tiene su parte cómica.
Cuando ya pise los inicios del pueblo me circulo una curiosidad, desde la lejanía recordaba haber visto un gran número de personas andando por el pueblo, cosa rara, pero ahora no había ni un alma.
Anduve por las calles vacías y silenciosas buscando cualquier sonido que me aliviase de ese silencio tan acosador que ya me empezaba a dar miedo, nunca había sentido algo así, de una forma inconsciente sabía que algo estaba mal.
Entre al bar sabiendo que ahí encontraría a alguien, pero una mala sorpresa se me mostraría. El bar estaba abierto, yo entre con normalidad viendo una escena fuera de lo normal, montones de cristales rotos que pertenecieron a botellas de bebidas alcohólicas estaban esparcidas por el suelo del local, un tono rojizo y violeta impregnaba las paredes y suelo del lugar, era una visión algo tétrica. Me agache en una mancha en concreto y la observé, tenía un color granate muy similar a la sangre, mi cuerpo involuntariamente empezó a temblar. Pase el dedo en la mancha y me lo acerqué, decidí olerlo, no tenía olor a alcohol, comencé a sudar a mares dándome cuenta de que mis temores empezaban a tener una forma definida.
Me apoye a la barra en unos aires de pánico a la vez que me decía a mi mismo que no chillase. Solo podía hacerme una pregunta: ¿Qué había pasado? Volví a mirar la escena buscando ver alguna cosa que me explicase lo sucedido sin exponerme al peligro, quizás fueron unos delincuentes escapados de alguna cárcel, o unos matones que se dedican a dar miedo a distintos pueblos para comer y beber de gorra, puede que el propietario del bar se negase a darles bebida y estos le agredieron, eso explicaría el por qué la gente ya no andaba por fuera como había alcanzado ver antes, ¿eso significaba que oculto en ese bar estaba seguro o más bien perdía el tiempo?
Decidí quedarme básicamente por qué no sabía un lugar bueno para ocultarme, incluso mi casa debe ser un lugar ineficaz, entonces oí pasos al exterior y me dirigí a una de las ventanitas de bar y miré oculto la procedencia de los pasos con el fin de pasar desapercibido a la vez que lograba respuestas.
Un grupo de personas con heridas graves y un caminar penoso por sus movimientos lentos y torpes andaban por la calle. Pero lo peor fue al ver como uno de ellos se le podía ver algunos huesos, fruto de una herida gravísima que había perforado la carne y piel dejando al descubierto algunos de estos. Algunos estaban más que podridos en cambio otros estaban muy nuevecitos, ahí es cuando casi entro en un estado de shock. Reconocí de entre ellos a quien fue el propietario de este local, a mi antiguo profesor de primaria y algunos rostros más que me eran conocidos por verlos día tras día en este pueblucho.
En ese momento empecé a dudar si aun estaba durmiendo en aquella roca, aunque más que dudar era desear. Yo no tenía familia así que no tenía prisa por ir a buscar a nadie, vivía con mis padres pero cuando ya tuve 16 años, edad para trabajar, por un acto de enfado estúpido me aparte de aquellos que sí me querían acabando en este pueblo tan aburrido que ahora pasa a ser la casa del terror de las ferias. Si os soy sincero estoy cagado de miedo. Quizás este sea el castigo de Dios, por no honrar a mi padre y madre.
Al retroceder al interior he pisado un cristal por el lado, quebrándolo junto a un sonido, me quedé pálido y en ese momento algo golpeó las puertas del lavabo, algo o alguien se encontraba detrás de esa puerta y había despertado junto a mi movimiento. En ese momento deje de pensar en el otro grupo del exterior, pero por fortuna el ruido generado no atrajo a ninguno de estos. Poco a poco me acerqué hacía la puerta y la abrí lentamente, la cosa del otro lado empujo en ese momento haciéndome perder el equilibrio. Solo caer la mire, tenía los ojos clavados en mí y se me lanzo, con ayuda de las piernas y brazos me impulsé, esquivando su ataque y sin pensar en las consecuencias salí la exterior, los seres que ya habían pasado el local se giraron confusos, reanimándose al verme.
Comenzó una persecución, pase ante una comisaria solo salir, pero más de estos salieron de allí vestidos con el uniforme de estos. El lugar más seguro era el ayuntamiento, si alguien seguía vivo debía estar allí dentro. Seguí avanzando hasta llegar al lugar que puse de meta, les gane bastante distancia pero no era hora de frenar. Vi con desilusión las puertas derribadas de tal edificio, parecía que ya habían entrado y era tarde.
No sabía a qué lugar debía dirigirme, estaba en un mar de caos donde no hay salida. Corría, corría y corría, era cuestión de tiempo que no aguantase el ritmo, cada vez había más persecutores. Enviaba mis pensamientos en otros lugares para evitar pensar en mi cansancio, seguía corriendo llevaba ya más de 15 minutos corriendo, era un gran corredor pero la alta velocidad que corría empezaba a pagarse y cada vez me desplazaba más lento.
Repentinamente sonó un motor de vehículo que al poco parecía arroyar esas criaturas, no tuve valor a girarme y mirar, así que seguí avanzando, finalmente el vehículo se puso a mi altura por el lateral y el conductor me invito a entrar, cosa que accedí sin pensar.
Ese hombre parecía un militar y como estas cosas suelen pasar por culpa de fuerzas militares preferí no hablar de inmediato para cogerle confianza si así merecía. Me invito a hablar pero preferí no hacerlo por lo menos hoy, él ya parecía saber de qué se trataba esos monstruos.
Recordé de nuevo lo sucedido, recuerdos infernales, intenté dejar de pensar en ello y me dispuse a dormir, ahora tocaba descansar y mañana ya pediré respuestas.